El Tesoro de EE.UU. puede impedirte registrar un dominio o contratar un certificado

Hay una serie de motivos curiosos por las que te pueden denegar el registro de un nombre de dominio o un certificado SSL. Quizá no te haya tocado, pero si solicitas un certificado que contenga el nombre de alguno de los países que estén en la lista negra del gobierno de los EUA, seguramente te lo denieguen. Si vendes alfombras persas y tu negocio se llama alfombrasdeiran.com date por fastidiado si vas a pedir un certificado a alguna empresa estadounidense, como puede ser Digicert (Thawte, Geotrust…). Es más, depende de la extensión, puedes tener problemas también a la hora de solicitar el propio dominio, por ejemplo si el titular es de Irán y quiere pedir un .info, gestionado por Afilias, recién comparada por Donuts Inc.

Todas las empresas estadounidenses, incluidas los registries o las Autoridades Certificadoras, están obligadas a cumplir las leyes de EUA, y esto incluye las sanciones y limitaciones a las que obliga la OFAC (Office of Foreign Assets Control – Oficina de Control de Activos Extranjeros)

[…] we are not permitted to provide services to, nor engage in any transactions with countries, regions, entities, or individuals targeted by applicable US trade sanctions (OFAC listings), whether directly or indirectly, unless authorized under applicable laws.

De hecho, la propia ICANN es una empresa estadounidense, aunque desde el 6 de enero de 2017, se finaliza el último acuerdo formal con el Gobierno de Estados Unidos (ver «La relación entre la ICANN y el Gobierno de Estados Unidos»).

Lo dicho, curioso.

Mis lecturas de marzo 2021

Un marzo de fracasos en los que me he tragado un par de libros que tienen, eufemísticamente hablando, mucha capacidad de mejora. A ver en abril qué tal se da la cosa.

Perro come perro – Edward Bunker

Básicamente no tiene historia, los personajes son planos y tópicos y en general es un tostón. Sin acritud, que conste.

Si quieres leer un buen libro policíaco o como se llamen ahora, Las flores no sangran, de Alexis Ravelo. Igual si Edward Bunker se lo hubiera leído otro gallo cantaría.

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Ama – José Ignacio Carnero

Además de las definiciones iniciales que da de «ama» (madre en euskera y tercera persona del singular del verbo amar), también está la del imperativo del verbo amar, que igual se acerca más a lo que he sentido al leer el libro.

Un libro de autoficción que me ha llevado de la mano (básicamente, mi vida es muy similar a la del protagonista) pero que sin embargo me ha dejado una sensación agridulce… igual porque es de autoficción y entonces ama se va quedando en un segundo plano demasiado pronto y, al final, los sentimientos del protagonista me acaban cansando (me, a mí, ojo) y dan ganas de darle una colleja para que ame.

Al menos este libro sí me ha merecido la pena el tiempo que he pasado leyéndolo ;).

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Tiniebla – Paul Kawczak

No he sufrido tanto leyéndolo como con Perro como perro pero aun así me ha tocado las narices.

Estaba buscando un libro de aventuras y el tema del Congo y de Leopoldo II (cito de la Wikipedia: soberano, fundador y único propietario del Estado Libre del Congo desde 1885 hasta 1908, un proyecto privado encabezado por él mismo, un grande, vamos) siempre me ha atraído. Pero esto no es un libro de aventuras, es una narración plana de… no sé muy bien de qué. ¿El viaje de una serie de personajes para encontrarse con ellos mismos? Desde luego, el «no lo expliques, muéstralo» es algo que se tendría que haber grabado a fuego el autor.

Otra recomendación en su lugar, que creo que trata mejor la situación en ese Congo de Leopoldo II: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga. Ese sí es muy buen libro (EMO).

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Mis lecturas de febrero 2021

Llegando al final de febrero he conseguido terminar Etxeak eta hilobiak de Bernardo Atxaga, así que han sido tres libros:

Bajo el influjo del cometa – Jon Bilbao

Jon Bilbao ha sido un descubrimiento y ya tengo en la lista Basilisco, a ver cuándo lo puedo leer.

Con los cuentos de este libro me ha pasado como con los de Carver, los lees muy a gusto, sigues la historia de las relaciones y, de repente, terminan y te quedas con la sensación de que te has perdido algo, de que tienes que volver a leerlo para descubrir esas claves que te has saltado. No es que las historias estén inacabadas, es que sabes que hay más y no estás seguro de si te has dejado algo pendiente.

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El mar – Jon Banville

Tenía pendiente leer a Jon Banville. Lo tenía pendiente como Benjamin Black, pero me crucé con El mar y ese ha sido el que me lee leído, yo diría que para bien, aunque sigue pendiente algún libro de Benjamin Black.

El mar es un largo monólogo en el que el personaje, ya mayor, rememora su infancia, la relación con su mujer, con su hija y casi cualquier cosa que se le venga a la cabeza, porque realmente así es cómo funciona el cerebro: va saltando de un tema a otro sin demasiado control.

Es un libro corto y muy agradable de leer.

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Etxeak eta hilobiak – Bernardo Atxaga

Aspaldian es nuen euskaraz irakurtzen eta kostatu zait. Liburua, historio ezberdinak kontatzen ditu era independientean irakur daitezkenak, baina lotura daukatenak. Historio bakoitzeko pertsonaiak gurutzatzen dira beste historietan, leku eta denbora ezberdinetan, baina iragan komun izan zirenak.

Historiak erlazionatzeko modu hori Atxagaren beste liburuetan azaltzen da (bai, Obabakoak, adibidez) eta beti bezala trebeziaz idatzita dago baina ez zait horrenbeste gustatu beste liburuekin konparatuta. Dena den, komenigarria beti.

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No arrastras piedras, construyes castillos

Algo así me dijeron hace algunos años y claro, se me quedó cara de tonto debajo del sofoco que llevaba por la enorme piedra que llevaba en la espalda.

Esta es una de las grandes falacias con las que, los que construyen castillos, pretenden hacer partícipes de la gloria de un hecho mayor a toda la plebe que acarrea las piedras o limpia las letrinas. Ya sabéis, lo de sois la mierda cantante y danzante del mundo pero a la inversa. Ciertamente no habría castillos sin nosotros/vosotros/ellos, pero eso no significa que sea mi/tu/su castillo, ojito, y decirlo así raya el insulto.

El caso es que, con tanta especialización, parece que cada vez hay más gente acarreando piedras y luego así quedan los castillos.