José Echegaray y Eizaguirre

José Echegaray

José Echegaray (1832-1916) fue un digno hijo del siglo XIX. Ingeniero, dramaturgo, político, físico, sobre todo matemático… y vete tú a saber cuántas cosas más que, por esas cosas que tiene la vida acabó ganando un Premio Nobel de Literatura en 1904.

En este mundo hiperespecializado (bueno… de todo hay), merece la pena descubrir a este tipo de personajes. Si tenéis una edad, su cara os sonará de los billetes de 1.000 pesetas.

Podéis leeros la Wikipedia para haceros una idea de la obra y arte de Echegaray pero tengo debilidad por el programa de RTVE Documentos y, efectivamente, hay una hora entera dedicada a glosar la vida de este gran hombre:

Domingo Badía (Alí Bey)

Ojoplático me dejó la historia de Domingo Badía (alias Alí Bey) cuando la escuché en Documentos, «Alí Bey, un español en la Meca».

Domingo Francisco Jorge Badía y Leblich (Domènec Badia i Leblich en catalán; Barcelona, 1 de abril de 1767 – Damasco, 1818) fue un militar, espía, arabista y aventurero español, conocido también como Alí Bey o Alí Bey el-Abbassi.

Desde luego cuando ahora se habla de aventura no estamos hablando de las aventuras del XVIII, XIX: tierras desconocidas, espías disfrazados, conspiraciones palaciegas…

El programa Documentos RNE – Alí Bey, un español en La Meca – 12/08/14:

Ned Ludd

Ned Ludd , líder de los «Luditas»
Personaje y quizá (seguramente) no persona que ha dado nombre a toda una corriente, el ludismo.

Quizá te suene de un capítulo de Futurama en el que Bender se desactualiza, o quizá te suene Unabomber o quizá no.

¿Cuál fue el gran mérito de este hombre? Prender fuego con antorchas y arremeter a mazazos al frente de una horda de descamisados contra máquinas textiles en la Inglaterra del siglo XIX. La Revolución Industrial amenazaban con reemplazar a los artesanos con trabajadores menos calificados y que cobraban salarios más bajos, dejándoles sin trabajo, ¿os suena?. La industrialización y la incipiente mecanización tenían a quién enfrentarse.
El final de esa historia, lo conocéis si estáis leyendo esto: perdieron, pero el ludismo y el neoludismo siguen existiendo y aportando ideas (peregrinas algunas, interesantes otras).

En fin, si os acercáis a estos movimientos, hacedlo con conocimiento, cuidado y cariño, como todo.

Jules Verne / Julio Verne

Julio Gabriel Verne (8 de febrero de 1828, Nantes – 24 de marzo de 1905, Amiens) es de los pocos franceses junto con Jacques-Yves Cousteau al que puedo tener aprecio.

Recuerdo haber leído infinidad de sus libros gracias a una colección de tapa dura de color marrón con dibujos dorados o rojos (no recuerdo bien) que mis padres compraron en su momento. Era una de esas colecciones en las que podías encontrarte una petaca con alcohol o un arma, pero que en realidad contenían mucho mucho más.

Me leí clásicos «Viaje al centro de la tierra», «Miguel Strogoff» o «20.000 leguas de viaje submarino», pero también «Las tribulaciones de un chino en china» y todos de forma voraz.

Todas las obras de Julio Verne son de dominio público, por lo que cualquiera puede acceder a sus clásicos cuando lo desee.
Podéis empezar por Wikisource o por Proyecto Gutenberg o, si lo preferís por alguna librería local u online (Casa del Libro, Amazon.es).

The Young Ones / Gazteak / Los jóvenes

The Young Ones es la primera serie de televisión que recuerdo con cariño. La daban en la ETB (Gazteak) y me mondaba de la risa.

A algunos de los protagonistas les he visto en otras muchas comedias y siempre me he reído con ellos. Gracias a esa serie aprendí a respetar a las comedias inglesas y con el tiempo he constatado que, por lo general, dan sopas con honda a las americanas con muchos menos medios.

En general, y salvo los Monty Python (lo siento, no puedo con ellos, que le vamos a hacer), cualquier serie de humor británica merece mucho la pena y, al menos para mí, todo comenzó en «The Young Ones».

Algunos clips de la serie en BBC Two [EN]¡a disfrutar!

También podéis ver una crítica de la serie en El Diario Vasco.

Harold C. Lloyd

By Harold Lloyd and Wesley Stout (An American Comedy) [Public domain], via Wikimedia Commons
Harold Clayton Lloyd (Burchard, Nebraska; 20 de abril de 1893 – Beverly Hills, California; 8 de marzo de 1971) fue un actor cinematográfico estadounidense, considerado uno de los más grandes cómicos de la historia del séptimo arte.

Lloyd actuó en 208 películas entre 1913 y 1947. Durante la década de los veinte fue el actor más popular y mejor pagado del universo cinematográfico. Es conocido sobre todo por las secuencias de persecución que incluían proezas físicas como trepar por los muros de altos edificios. Junto a Buster Keaton y Charlie Chaplin forma el «triunvirato» de grandes cómicos del cine mudo y, como ellos, su carrera continuó en el período sonoro.

Fuente: Wikipedia

Alguna referencia adicional:

Armando Buscarini

Pero, ¿quién diablos es Armando Buscarini?

Más personaje que persona, Armando Antonio García Barrios (Ezcaray, 18 de julio de 1904 – Logroño, 9 de junio de 1940) más popularmente conocido como Armando Buscarini es una de esas personas que posiblemente habría pasado desapercibida si no le llegan a rescatar en los últimos años.

Poeta, eso decía, bohemio militante en el Madrid de Valle Inclán, Pedro Luis de Gálvez y, su gran sufridor, Antonio de Lezama.

Con una vida más interesante que su obra, desde 1995 se ha ido recuperando su vida, obra e historia por parte de Juan Manuel de Prada donde aparece en su obra «Las máscaras del héroe» y desde el 2006 por los hermanos Rubén y Diego Marín A. donde en la web ArmandoBuscarini.com recogen la vida y obra del insigne riojano.

Para hacernos una idea de este increíble personaje, conviene echar un vistazo a su testamento dirigido al rey Alfonso XII y a su esposa la reina Victoria Eugenia y, como no, a como vivía él su oficio, reflejado en este poema:

El Poeta

Sentado junto a una mesa
carcomida por el tiempo
y alumbrado débilmente
por la luz de un quinqué viejo,
un joven pálido escribe
en cuartillas, varios versos.
Es un poeta, las noches
pásaselas escribiendo…
Anhela la gloria, joya
más valiosa que el dinero.
Y continua impasible,
sin descansar un momento,
hasta ver recompensados
algún día sus desvelos.

Algunas referencias: