Qué difícil es ser Dios – Arkadi y Borís Strugatski

Portada de la edición de Ggamesh de "Qué difícil es ser Dios" de los hermano Strugatski
Qué difícil es ser Dios – Arkadi y Borís Stugatski

Esta es una novela que transcurre en el medievo, en un medievo similar al terrestre, pero que no es el de la Tierra. Hasta allí han viajado una serie de observadores de la Tierra, una Tierra avanzada y pacífica, para recoger información de primera mano, para mostrar sin empujar ni paticipar en la toma de decisiones. Respetando el libre albedrío de las personas.

Antón Rumata es uno de esos observadores al que le cuesta no tomar partido, a fin de cuentas, es un Dios entre la gente de este planeta: tiene el conocimiento y la tecnología. Cuesta comportarse como un mero observador.

Es una novela de fantasía/ciencia ficción, pero no esperes robots o tecnología, es la ciencia ficción en la que se plantean sociedades distintas y dilemas sociales o personales, como pueden ser las novelas de Ursula K. Leguin, por ejemplo.

Otro punto de interés es cuándo fue escrita, en 1964, en la Unión Soviética y los autores, los hermanos Strugatski, no ya por escribir a cuatro manos, sino por ser auténticos referentes de la ciencia ficción soviética.

En Fabulantes, hay una reseña más detallada del libro.

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Amor de monstruo – Katherine Dunn

Portada del libro Amor de Monstruo -  Katherine Dunn
Amor de Monstruo – Katherine Dunn

Esos circos de monstruos, con los enanos, la mujer barbuda, las cabras de dos cabezas… esos circos son realmente atractivos. Yo nunca los he visto más allá de las películas yankis, no sé si existen, si existen tal y como se cuentan, pero se pegan a tu imaginación como un chicle a la suela del zapato.

Amor de monstruo transcurre en una de esas ferias, lo protagonizan esos monstruos, esas deformidades que los normas, las personas normales van (vamos) a ver. Sin duda esa es la originalidad de a historia que se deja leer muy a gusto. ¿Aman esas monstruosidades? ¿Cómo lo hacen? ¿En qué piensan? ¿Cómo actúan?

El libro nos cuenta la historia de la familia Binewski a través de una de las hijas, la enan, albina y jorobada Olympia y es una historia de amor, de amores, en un escenario distinto. Si te gusta el mundo de Tim Burton, te gustará el libro.

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Alas

El eunuco se acercó a la fuente con desgana. Llevaba el mismo cuenco de plata en la mano izquierda, el mismo cuenco que hundía en la fuente de hidromiel tres veces al día. Mientras llenaba el recipiente, observó el reflejo de su torso desnudo: el pecho ancho, el cuello musculado, la nariz larga y recta, los ojos grandes, el negro cabello recogido en trenza. Sacó el cuenco colmado y lo sujetó con las dos manos. Avanzó hacia una esquina del jardín con parsimonia, con cuidado de no derramar ninguna gota. Al llegar al lugar que habían determinado para él, agachó la cabeza y elevó las manos que sujetaban la vasija, ofreciéndola al cielo. Decenas de mariposas se acercaron a libar, colibríes multicolores, algún escarabajo alado… Cuando cesó el zumbido encima de su cabeza, el eunuco bajó el cuenco vacío y miró sus musculados brazos inútiles.

«The Book Cover Archive», portadas de libros para inspirarte

Una amiga elige un libro por:

  • La portada
  • La primera página
  • La última página

Yo no leo la última página y me suelo fiar mucho (quizá demasiado) del resumen que hace la editorial del mismo. Hay auténticos genios escribiendo estos textos y debería dejar de prestarles atención: algunos son mucho mejores que el libro en sí.

Y a la portada le haces caso, quieras o no… menos a las de ciencia ficción y románticas que alguien ha decidido ofendernos con ellas.

Book Cover Archive es un repositorio de portadas de libros, tanto antiguos como modernos. Es realmente adictivo.

Como lectura relacionada, en Babelia, publicaron el 2020.05.20 un breve análisis de las portadas de 8 libros que salieron en la primavera de 2020: «Juzgar un libro por su portada: las mejores cubiertas de la primavera«.

Muerte de un fondista

Los espectadores aplaudían a rabiar y el sonido de las palmadas reverberaba por todo el estadio mientras el corredor seguía dando vueltas a la pista moviendo los brazos. Las pantallas mostraban la llegada del maratoniano al estadio: la saliva seca en la comisura de los labios, el cuerpo enjuto bañado en sudor, los ojos fuera de las órbitas y el continuo movimiento de brazos y piernas buscando la meta. Los aplausos iban disminuyendo, incómodos, pero el corredor seguía y seguía dando vueltas y obligaba a los espectadores a continuar con las loas. “¡Qué esfuerzo! ¡Es un titán!”. El realizador de televisión dirigió la cámara al campeón y en las pantallas gigantes se pudo ver con claridad el miedo, el grito mudo en los labios resecos: “Paradme. Paradme. Paradme”.